Espacio Wellness
Hay arquitectos que proyectan espacios y otros que construyen experiencias. En el trabajo de Ricardo Braicovich aparece con claridad esta segunda dimensión: una manera de entender el diseño como un proceso integral, donde arquitectura, interiorismo, imagen y objeto dialogan para dar forma a espacios wellness y a entornos pensados desde y para las personas, siempre a partir de una lectura sensible del uso, el cuerpo y la experiencia.

Su recorrido profesional se caracteriza por una mirada transversal que cruza disciplinas sin perder precisión. Arquitectura comercial, diseño de interiores, desarrollo de mobiliario y construcción de identidad conviven en su práctica como partes de un mismo sistema. Esa amplitud no responde a una lógica de acumulación, sino a una capacidad poco frecuente para leer cada proyecto en su complejidad y traducirlo en soluciones coherentes, funcionales y contemporáneas.

Espacio Wellness
Braicovich concibe el diseño como un acto de interpretación empática. Le interesa detectar las dinámicas sensoriales de cada situación, comprender cómo se habita un espacio y cuáles son las expectativas (explícitas o latentes) de quienes lo usarán. Desde allí, compone escenarios a medida, donde la estética no es un fin en sí mismo sino una consecuencia de decisiones profundas, pensadas y alineadas con la experiencia del usuario.

Esa filosofía se expresó con especial claridad en IDEAR, la muestra de arquitectura y diseño que celebró su aniversario en la histórica Casa de Retiros Nuestra Señora de Luján. En un recorrido compuesto por más de cuarenta espacios, la exposición propuso un panorama amplio sobre las nuevas formas de pensar el bienestar, combinando materiales, texturas y soluciones técnicas que iban desde la calma introspectiva hasta planteos de alto contraste funcional. En ese contexto, muchos proyectos incorporaron mobiliario, pisos y revestimientos desarrollados a partir de diseños de Egger, reforzando la idea de atmósferas integrales y coherentes.

Idear: Espacio Serenor
Dentro de la muestra, el espacio Serenor, diseñado por Braicovich, se destacó por su sutileza conceptual y su potencia espacial. Concebido como una suite wellness, Serenor no se limita a reproducir los códigos habituales del spa o el yoga. Su objetivo es más abierto y, al mismo tiempo, más exigente ya que propone un entorno neutro y envolvente donde cada visitante pueda encontrar su propia forma de bienestar.

La propuesta del espacio wellness parte de una idea clave en la manera de trabajar del arquitecto: el diseño no debe imponer una experiencia cerrada, sino habilitar la interacción. Serenor invita a explorar, a apropiarse del espacio, a descubrirlo.
Incluso su nombre surge de esa lógica simbólica, como una fusión entre serenidad y armonía, conceptos asociados a la figura mítica del unicornio, que aquí aparece de forma abstracta y se traduce en una trama geométrica que organiza el proyecto.
Visualmente, el espacio wellness construye una estética de lujo relajado, donde lo funcional convive con lo onírico y lo indefinido. Uno de los gestos más elocuentes es el sistema de camastros, diseñados para emerger del piso y volver a integrarse a él cuando se repliegan, transformando la suite en un gran salón continuo. Esta operación no solo aporta flexibilidad, sino que refuerza la idea de un ambiente en constante mutación.

El uso del piso flotante Castaño Girona Blanco, de la línea NatureSense de Egger, fue clave para materializar ese concepto. A partir del diseño Pino Cascina, Braicovich logró que el mobiliario se fundiera cromáticamente con el suelo, dando lugar a lo que define como un verdadero “interior match”: una integración total entre arquitectura y objeto, donde nada parece agregado y todo responde a una misma lógica espacial.

Serenor funciona así como síntesis de una forma de pensar el diseño: sensible pero rigurosa, poética pero funcional, abierta a la experiencia sin perder control conceptual. En la obra de Ricardo Braicovich, cada proyecto es una oportunidad para demostrar que el buen diseño no se impone, sino que se revela en la manera en que los espacios se viven.
En un escenario donde muchas propuestas buscan impactar desde el exceso, el trabajo de Ricardo Braicovich se afirma desde un lugar de precisión, la escucha y la capacidad de convertir ideas complejas en espacios habitables.

Su arquitectura no necesita explicarse demasiado sino que se comprende al recorrerla. En cada proyecto deja ver una mirada madura, entrenada para leer contextos, interpretar deseos y transformarlos en experiencias espaciales con identidad propia. Más que seguir tendencias, Braicovich construye un lenguaje consistente, donde el diseño funciona como una herramienta sensible para mejorar la forma en que habitamos.




